Amaia.
El frío de la mañana consigue que me remueva en la cama para abrigarme un poco más, pero me incomoda la textura de las sábanas que no me son familiares, me remuevo un poco más, pero también el colchón parece ser demasiado enorme como de costumbre. Abro los ojos cuando el aroma masculino cosquillea en mi nariz.
Mi cuerpo se tensa antes de que mi mente procese lo que sucede, no estoy en mi cama, menos en mi habitación. Me incorporo de golpe. La luz del nuevo día entra a caudales revelan