Grecia se sentía acorralada, como si estuviera atrapada en una trampa de la que no podía escapar. La cocina, habitualmente un lugar de calidez y confort, se había convertido en un campo de batalla emocional. Guillermo estaba tan furioso que parecía un volcán en erupción, sus ojos centelleaban con rabia y estaba alzando la voz, haciendo que Grecia se sintiera temerosa y vulnerable. Era una escena que había estado evitando, un momento que se había ido acumulando como una tormenta a punto de estal