Los días habían pasado desde la boda de Monserrat y Guillermo, y la pareja había decidido pasar su luna de miel en casa, rodeados de sus trillizos. A pesar de contar con el cuidado estricto de una enfermera especializada que Guillermo había contratado, no querían separarse de los pequeños. Para ellos, la verdadera felicidad radicaba en tener a sus hijos cerca y asegurarse de que gozaran de buena salud.
Además, para Guillermo y Monserrat, cada día era una constante luna de miel. No les resultó d