Cuando finalmente lograron salir del agua, ambos se tumbaron sobre la arena, exhaustos después de todos los intentos que hicieron para escapar de las fuertes olas del mar. Guillermo, en particular, había enfrentado la parte más difícil: salvarla y encontrar las fuerzas para llevarla a la orilla, sana y salva. A su alrededor, el sonido de las olas rompiendo en la playa se convertía en un eco lejano, un murmullo constante que contrastaba con la calma que comenzaba a instalarse entre ellos. El sol