Finalmente había llegado el gran día. La mansión de Guillermo se preparaba para albergar no una, sino dos bodas en una celebración que prometía ser inolvidable. Monserrat y Guillermo, así como Mónica y Pablo, se unirían en matrimonio en el lujoso salón que había sido testigo en su momento de la boda de Grecia y Guillermo. Sin embargo, esta vez todo era diferente. Había un amor verdadero entre ambas parejas, un amor que brillaba con intensidad. Y Grecia, ahora iba a llegar a ese mismo lugar del