El doctor salió de la sala con una expresión tranquila y dirigió una mirada alentadora hacia Rafael, Opal y Zafiro.
—La paciente está estable. Ha tenido mucha suerte; la herida no alcanzó ningún órgano vital —anunció con voz pausada.
Rafael cerró los ojos y soltó un suspiro profundo, sintiendo un alivio que casi le hizo caer de rodillas. Opal y Zafiro compartieron una sonrisa nerviosa, y aunque querían ver a Aimé, el doctor les explicó que aún debían esperar hasta el día siguiente.
Al día siguie