Joaquín corrió hasta el salón principal, pronto encontró ahí a ese hombre, abrazaba a su esposa, mientras Diana tenìa ojos asustados y sorprendidos.
—¡Quita tus manos de mi mujer! —exclamó Joaquín.
Esto hizo que Ronald retrocediera, pero le lanzara una mirada llena de odio.
—¡¿Por qué no me dijiste que Diana había vuelto?! La dimos por muerta, ¿Por qué no dijiste que ella no murió?
Joaquín le miraba con rabia.
—¿Quién eres tú para darme explicaciones? ¡No eres nadie en nuestras vidas! Vete.
—¡N