Joaquín llegó hasta la bóveda, encontró a una ambulancia recuperando cuerpos heridos de muchos guardias, notó que se habían llevado casi toda la nueva colección, maldijo entre dientes.
La policía ya estaba ahí, le hizo muchas preguntas.
—No parecen haber forzado nada, señor Andrade, ellos tenían una contraseña, y las cámaras lo mostraron, aunque los ladrones no dieron su cara, pues llevaban pasamontañas, ¿sabe quién pudo saber su contraseña, además de usted?
Joaquín se quedó pensativo, mirò al h