Diana salió de la comisaria, caminaba sin rumbo, se negó a ir en el auto, necesitaba pensar, necesitaba aire.
Solo podía pensar en Joaquín, ¡era inocente! Y ella le había hecho tanto daño, casi el mismo que ella sintió en el pasado.
Las lágrimas cayeron por su rostro, estaba destrozada.
No sabía qué hacer, solo sabía que debía pedir perdón, que lo pediría por siempre.
Volvió al auto y pidió al chofer que la llevara de nuevo a la mansión Andrade.
***
Mansión Andrade.
Joaquín estaba ante sus hijos