—¡¿Qué has dicho, Rodolfo?! —exclamó Diana, estaba tan sorprendida, que su corazón latía con fuerza, estaba convencida de que era un error.
—¡Joaquín Andrade es inocente! Él no mató a nuestra familia.
Diana negó, tenía ojos enormes, viéndolo como si fuera un loco.
—¡¿Quién te obligó a decir algo así?! ¿Fue Joaquín quien te obligó? ¿Acaso te han torturado para decir eso? ¡Tú nunca lo dirías! Recuérdalo, cuando desperté del coma, fue casi lo primero que me dijiste.
Diana lo recordó, era cierto, cu