Ónix Andrade avanzó hacia Selene con una presencia tan imponente que la sala quedó en un silencio tenso. Con una mirada fría y decidida, tomó su mano, ejerciendo una fuerza silenciosa que no necesitaba palabras para marcar su territorio y protegerla. Gustavo, que hasta un segundo antes se sentía en control, retrocedió apenas un paso, impactado por la mirada gélida de Ónix.
—Mi esposa ha hablado, señor Street. Respeten su decisión. —La voz de Ónix, baja y afilada como una navaja, no dejaba espaci