Selene salió del registro civil sosteniendo el acta de matrimonio en sus manos. Sus dedos acariciaban el papel con una sonrisa satisfecha mientras observaba el documento con atención. Un fuego se encendía en su mirada.
«Cuando mis padres, y sobre todo Ana, sepan que me casé nada menos que con el heredero de los Andrade, será una venganza perfecta. No volverán a pisotearme nunca», pensó, deleitándose con la imagen de sus rostros al enterarse. Su pecho se llenó de un alivio amargo y una determinac