El hospital estaba sumido en un inquietante silencio, interrumpido solo por el sonido de pasos apresurados y murmullos de doctores que iban y venían. Ónix se paseaba de un lado a otro, con el corazón acelerado y el rostro pálido. Emilia había sido trasladada de urgencias a una habitación privada, y la falta de información lo estaba consumiendo. Su mente se llenaba de posibilidades, cada una más aterradora que la anterior. ¿Qué le estaba pasando a su esposa?
—¿Quizá está embarazada? —exclamó Dian