Joaquín se sintió incómodo, sintió como la mano de Diana le apretó con fuerza, como si ella quisiera recordarle su presencia.
La mujer que tenía en frente era hermosa, pero no màs que su esposa, sin embargo, el vestido de esa mujer tenìa un tentador y pronunciado escote al frente.
—Señora Martines, un placer conocerla, le presento a mi esposa, Diana Andrade.
Diana sonriò, extendió la mano.
—Mucho gusto, señora, y dígame, señor Andrade, ¿Qué le parece mi presencia? ¿Seré una buena socia?
Diana ha