Diana y Margot se cruzaron en el pasillo, ambas pálidas y tensas. A lo lejos, resonaron gritos que parecían venir desde la entrada.
—Quédate aquí —le susurró Diana, mirando con seriedad los ojos asustados de Margot—. Voy a asomarme para ver qué está pasando.
Margot sintió un escalofrío que le recorrió la espalda, inmovilizando sus pies en el suelo. Intentó hablar, pero el miedo la dejó muda. Su instinto le decía que se quedara junto a Diana, que no la dejara sola, pero el pánico la tenía atrapad