Rodolfo se estremeció al ver a su hermana tan vulnerable y visiblemente afectada. Sus manos temblaban mientras intentaba sostener las de Diana, quien soportaba las contracciones con valentía.
—Llévala al hospital, por favor, Rodolfo —pidió Diana entre jadeos.
Sin embargo, el dilema lo atravesaba: debía ocuparse también de la escena del crimen y atender a los policías que llegaban a investigar la muerte de Ronald. Con un nudo en la garganta, Rodolfo llamó a una ambulancia, que llegó rápidamente,