Pilar miró a Francisco con una sonrisa maliciosa.
—¿Será un varón? No importa. Esta es mi mejor venganza. Escucha bien: dile a Ronald que, si actúa ahora, se estará firmando su propia sentencia. Debe esperar unos meses más —dijo Pilar.
Francisco asintió, sintiendo el peso de esas palabras, y se escabulló sin que nadie lo notara.
Mientras tanto, Ronald recibió el mensaje de Pilar, dudando sobre si cumplir con la orden. Pero el miedo a Joaquín, quien había puesto precio a su cabeza, era cada vez m