Catalina
Desde que Gabriel salió por esa puerta, el aire se volvió más denso. El silencio del apartamento me pesa como si arrastrara una manta húmeda sobre los hombros. Samuel duerme en la habitación, ajeno a todo lo que su madre siente en este instante, y eso es lo único que me mantiene medianamente cuerda.
Camino por el penthouse con los brazos cruzados sobre el pecho, intentando convencerme de que todo estará bien. Pero… ¿estará bien? No sé. No sé qué va a pasar, ni siquiera si quiero saberlo