Valentina despertó en un limbo de dolor y calidez, su cuerpo desnudo envuelto en sábanas arrugadas que olían a sexo y a Kaiser. El sol de la mañana se filtraba a través de las cortinas raídas del viejo apartamento, proyectando rayas de luz polvorienta sobre la habitación desordenada.
Adolorida en cada músculo, en cada rincón íntimo, sintió el peso de un brazo posesivo alrededor de su cintura, Kaiser.
El rey vampiro no dormía, ya que los de su especie no necesitaban ese lujo mortal, pero all