La fiesta seguía en lo más alto. Jóvenes tomando alcohol, y fogatas encendidas mientras celebraban absolutamente nada. Solo era una fiesta en la que nadie anticipaba el horror que se avecinaba. De la espesura del bosque, donde la niebla se arremolinaba como un velo, surgieron siete bestias idénticas a las que habían atacado a Xylos y Vecka en la montaña.
Eran criaturas de pesadilla: cuerpos retorcidos de músculo negro azabache, garras negras y curvadas como guadañas, ojos rojos que ardían con