Vecka, aún pálida pero mucho más consciente y firme que los días anteriores, recibió el alta médica entre miradas de alivio y sonrisas contenidas, Xylos permaneció a su lado durante los siguientes días, vigilante, casi rígido, como si temiera que en cualquier segundo alguien pudiera impedir que ella regresara con él.
Cuando por fin salieron al pasillo principal y Vecka respiró el aire exterior, él sintió que un peso se desprendía de su pecho. No era el fin de la preocupación, esa nunca desaparecía del todo, pero sí un punto de alivio. Ella volvía a casa. Regresaría con él.
El trayecto en coche transcurrió en silencio, uno cómodo, en el que Vecka apoyó la cabeza en el asiento, observando a través de la ventana como si el mundo se hubiese ralentizado, mientras que Xylos la miraba de reojo cada pocos segundos, confirmando que seguía bien, que no temblaba, que respiraba con normalidad. No se atrevía a tocarla demasiado, temiendo presionarla cuando aún necesitaba reposo.
Al llegar a