Los colmillos del rey vampiro no estaban expuestos; no necesitaba hacerlo. Bastaba con que ofreciera su muñeca abierta, y ella bebiera de la herida como si fuera la única fuente de vida disponible para ella… porque, en cierto modo, lo era.
El sonido de Vecka succionando la sangre era lento, húmedo, repetitivo. Un sonido que al principio la enfermaba, luego la avergonzaba, y ahora la mantenía viva, pero esa respiración entrecortada de ella cuando absorbía cada gota, provocaba en Xylos un tipo