Kaiser permanecía de pie frente al gran ventanal del pasillo principal, la mirada perdida en el bosque que rodeaba el territorio de Xylos. Sus ojos rojos parecían dos brasas ardiendo, y a pesar de eso, sin sentimientos en ellos.
Detrás de él se encontraban las tres vampiresas que habían viajado con él: Nesta, Laia y D’Arvigne, esta última conocida como Abigail. Cada una representaba un estilo distinto; Nesta, elegante y silenciosa; Laia, inquieta y peligrosa; Abigail, fría como una daga bañad