La mañana llegó demasiado rápido, y el cansancio aún pesaba en los hombros de Vecka, pero Xylos insistió en llevarla directamente al consultorio de la ginecóloga de la manada. No confió en nadie más que en Evelyn, la doctora omega que llevaba décadas atendiendo embarazos lupinos y que, aun siendo estricta, tenía fama de ser impecable.
El sonido del monitor cardíaco relleno el espacio con un pulso constante y delicado del bebé. Un latido fuerte y tan perfecto para los oídos de Vecka, y Xylos q