a risa se deslizaba entre los árboles como un eco hecho de luz. Vecka corría detrás de ella sin sentir cansancio, sin miedo, sin esa presión constante en el pecho que llevaba semanas oprimiéndola. El bosque era tan vívido que cada sombra tenía un brillo suave, como si la luna se hubiese derramado sobre las hojas. Podía sentir la tierra húmeda bajo sus pies descalzos, la brisa fría que se enredaba en su cabello, y sobre todo… esa risa.
Esa risa femenina, ligera… casi infantil volvió a escuchar