En la habitación, Xylos y Vecka estaban finalmente a solas, lejos de la tensión que los vampiros habían traído al caer la noche.
Xylos salió del baño aún con gotas deslizándose por su espalda, sosteniendo una toalla blanca que usaba para secarse el cabello negro. El vapor escapaba por la puerta recién abierta, llenando el ambiente con la cálida fragancia de su jabón, ese aroma que siempre hacía que Vecka sintiera mucha tranquilidad. Ella estaba sentada en el borde de la cama, con las manos en