Vecka despertó sola.
El silencio en la habitación fue lo primero que notó, seguido por el frío que reemplazaba el calor que aún recordaba de la noche anterior. Se incorporó lentamente, las sábanas enredadas entre sus piernas, su cabello todavía húmedo cayendo desordenado sobre los hombros. Todo a su alrededor tenía el aroma inconfundible de Xylos: madera, bosque y lavanda, pero él no estaba allí.
La cama, vacía a su lado, era una evidencia cruel. Su pecho se apretó de golpe.
Por un momento p