Una semana había pasado desde la tormenta de nieve que cubrió los bosques más de blanco. El aire olía a madera húmeda mientras que la nieve, fresca y ligera, cubría los techos de las cabañas, y el humo que escapaba de las chimeneas se mezclaba con el perfume de las hogueras del nuevo amanecer en la manada Blanckwood, Vecka caminaba junto a Polaris por los senderos que unían al centro de la manada. La joven luna a penas se acostumbraba a aquel lugar: al silencio interrumpido por aullidos lejanos