Los recuerdos del olor de Xylos permanecían fijos en la memoria de Vecka, por lo que su respiración se agita y su piel se cubre de un calor desconocido para ella. Era una sensación de necesidad que nacía de lo más profundo de su ser, una mezcla de ansiedad y deseo que no lograba contener. Cerró los ojos y exhaló con fuerza, tratando de acallar los pensamientos que giraban siempre en torno al mismo nombre, Xylos.
Su calor, su olor a bosque y lavanda que estaba grabado en cada fibra de su ser. V