En el momento que Vecka abandono la cocina dejando a una sonriente Binah, Polaris ingreso con sus brazos cruzados.
—No sé qué te impulsa a provocarla —dijo, mirándola con desaprobación—, pero te advierto algo, Binah: no estás aquí por gusto. Estás para controlarlo, no para destruir lo poco que queda de su control.
Binah levantó una ceja.
—¿Temes que pierda la razón?
—Temo que la pierdas tú —replicó Polaris—. Porque si ella sangra o sufre por tu culpa, no habrá nadie que te proteja.
Binah