Xylos permanecía sentado en la oscuridad. No necesitaba luz para orientarse. Escuchaba. Su oído captaba el suave roce del viento, el goteo del grifo en el baño, el tenue sonido de los pasos de Vecka sobre el suelo de madera del otro lado de la habitación en la que se encontraba el.
En su mano un vaso de cristal cargado de whisky, mientras arrastra sus pies descalzos por el suelo alfombrado. Su camisa abierta dejando a la vista su cuerpo tonificado, suspiro al escuchar la molesta voz de Magnus