Las imágenes de la noche anterior seguían repitiéndose en su cabeza, una y otra vez, como un eco que no quería silenciarse. El roce de los dedos de Xylos moviendo su cabello detrás de la oreja, el tono grave de su voz, y esa palabra “pequeña” que se había quedado flotando en su mente hasta hacerla sentir vulnerable, Vecka piensa que no debe estar imaginándose cosas, ya que respeta a su esposo, pero en lo profundo, Xylos llega de repente a su cabeza.
Es mañana cuando lo vio en el comedor del hot