La mañana seguía fresca aun ni siquiera se disipaba toda la neblina, cuando Vecka se detuvo frente al edificio donde vive junto a Kian. Sonrió al verlo inclinarse hacia ella para besarla, un roce cálido que le devolvía la calma tras días de tensión.
—Te amo —susurró él, acariciándole la mejilla.
—Y yo a ti. Vuelvo pronto, lo prometo.
Kian sonrió, aunque en el fondo de su mirada había una sombra de celos que no supo ocultar. La vio subir a la camioneta negra que aguardaba en la acera y desap