Las copas de los árboles se mecían apenas con el viento, y el sonido lejano de algún animal nocturno se perdía entre sombras. No muy lejos de la cabaña de Xylos, dos figuras permanecían alertas, inmóviles, atentos a cualquier ruptura en aquel silencio cargado de presagios.
Nisha y Kian custodiaban el perímetro, mientras otro grupo estaba más próximo a la frontera. El exesposo de Vecka apoyaba el peso de su cuerpo sobre una pierna, los hombros tensos, la postura de alguien que había aprendido a