El aire en el porche crepitaba con la estática de una violencia inminente. Ronan se mantenía como una muralla de tensión frente a Seraphina, sus hombros anchos bloqueando cualquier visión que el Errante, Damien, pudiera tener de ella.
Seraphina podía escuchar el gruñido bajo y constante que retumbaba en el pecho de su compañero, una vibración sísmica que advertía de una matanza inminente si el intruso daba un solo paso más.
Sin embargo, Damien no retrocedió. Tampoco atacó.
Con una calma que ra