El aullido se desvaneció, pero su eco quedó vibrando en los huesos de Seraphina. No fue un sonido de súplica. Fue una declaración.
Abajo, el caos estalló en un instante. Seraphina se llevó una mano al pecho, sintiendo cómo su propio corazón se aceleraba, sincronizándose con el pánico controlado que ahora dominaba la manada.
Ronan no dijo una palabra. Simplemente se giró hacia la puerta, su cuerpo emanando una violencia contenida que hizo que el aire de la habitación se sintiera denso, casi irre