La oscuridad no irrumpió en la fortaleza con el estruendo de una guerra, sino con el crujido siniestro de la madera antigua cediendo ante un peso antinatural.
Seraphina estaba en el pasillo del segundo piso, corriendo hacia la habitación de Hunter, cuando el aire cambió. El aroma limpio del pino y la nieve fue devorado por un hedor a tierra húmeda y muerta, demasiado familiar.
Se detuvo en seco.
Al final del corredor, donde las sombras de las luces cálidas no llegaban, la oscuridad se condensó.