La criatura no emitió ningún rugido. Su grito de guerra fue el sonido de miles de cuchillas de cristal frotándose entre sí, un chirrido agudo y enfermizo que taladró los tímpanos de todos en el pasillo.
No tenía rostro, pero su objetivo era innegable. La amalgama de espejos negros y magia putrefacta se abalanzó con una velocidad letal, apuntando sus extremidades afiladas directamente hacia el brillo dorado de los ojos de Seraphina.
No llegó a rozarla.
Ronan se interpuso como una muralla infranq