83 | Dime que me amas

Cuando Seraphina entró en la fortaleza, se obligó a regresar a su forma humana. Fué una agonía rápida y violenta. Cayó sobre sus rodillas en la entrada de la fortaleza, jadeando, desnuda y vulnerable frente al frío cortante.

No perdió un segundo.

Se levantó y buscó ropa con que cubrirse. Al ser licántropos habían prendas básicas por doquier, para cuando las necesitaran. Se vistió con movimientos frenéticos, sin abrocharse del todo, y echó a correr hacia la galería oscura.

—¡Hunter! —gritó, su voz rebotando en las paredes de piedra.

Corrió por el pasillo, ignorando el dolor en sus músculos. A mitad de camino, una figura pequeña salió disparada de la oscuridad, corriendo hacia ella.

—¡Seri! —exclamó Hunter, aliviado, estaba pálido, con los ojos desorbitados por el miedo y el pánico, pero ileso.

Seraphina se dejó caer de rodillas y lo atrapó, atrayéndolo contra su pecho.

—Está ahí —susurró Hunter contra el cuello de su hermana, aferrándose a ella como un ancla—. Es Caleb. Él es…

Un gruñi
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