Evander empujó a Iris hacia su espalda sin dudar un solo segundo. Sus gruesas hojas de plata destellaron bajo la pálida luz de la mañana al desenvainarlas.
El suelo vibró con una fuerza aterradora cuando la inmensa aberración emergió de la espesura del bosque destruido.
Los árboles centenarios se partían como simples ramas secas bajo el enorme peso del enemigo. La criatura superaba en tamaño a las cabañas del asentamiento y desafiaba cualquier lógica natural.
La bestia carecía de una forma def