La cordura de Evander se hizo pedazos al escuchar la retorcida amenaza.
La rabia posesiva devoró cualquier rastro de estrategia militar en su cabeza.
Escuchar al Alpha occidental detallar cómo planeaba someter a su esposa encendió un fuego homicida que anuló por completo su capacidad de razonar.
No esperó la señal de ataque. No buscó el ángulo perfecto para caer sobre los guardias. Su instinto exigió la aniquilación inmediata de todos los presentes.
El líder desenvainó su pesada espada y dest