El ruido ensordecedor de la piedra raspando contra la piedra eclipsó cualquier otro sonido en la caverna.
El abismo entero tembló.
Las inmensas paredes laterales de la bóveda cobraron vida, cerrándose hacia el centro con una velocidad aterradora y destructiva.
El polvo milenario comenzó a caer del techo oculto en cascadas espesas, asfixiando el frío aire de la catacumba.
Era una antigua trampa de aplastamiento, diseñada con una brutalidad implacable para proteger el mayor tesoro curativo del