El sueño fue una ilusión fugaz. Seraphina yació en la inmensidad de la cama del Alpha, envuelta en sábanas de seda negra que se sentían como agua fresca contra su piel afiebrada, pero su mente se negaba a apagarse.
Cada vez que cerraba los ojos, veía la sangre de Liam en el mármol. Veía las garras de Ronan. Veía el fuego saliendo de sus propias manos.
Pero lo que realmente le impedía dormir no eran las pesadillas. Era él.
Ronan no se había movido del sillón de cuero. Permanecía allí, una sombra