El amanecer se filtró tímidamente a través de las pesadas cortinas de la habitación, una luz cálida y tranquila. Seraphina abrió los ojos lentamente, anclada al colchón por el peso inmenso y reconfortante del brazo de Ronan cruzado sobre su cintura.
El Alpha dormía con el rostro hundido en su cabello, su respiración profunda y lenta acariciando la espalda desnuda de ella. La tormenta de la noche anterior los había dejado exhaustos, pero la pesadilla del castillo vampírico se había desvanecido,