El aliento abrasador de Ronan chocó contra la piel sensible de su cuello, enviando un escalofrío que no tenía nada que ver con el miedo y todo que ver con la pura dominación que él ejercía sobre el espacio.
Seraphina cerró los ojos, apoyando la frente contra el cristal frío de la puerta del balcón. Esa vez, la jaula no era de obsidiana, estaba forjada en músculos, calor y una devoción tan intensa que amenazaba con asfixiarla.
Esa misma sensación de encierro se extendió como una plaga durante l