La amenaza resonó en el viento invernal. Para cuando el sol comenzó a descender, la decisión de Ronan ya estaba grabada en piedra y sangre.
Iría al Puente de Niebla. Y le arrancaría la cabeza a ese maldito vampiro.
El ambiente dentro de la mansión era tenso y expectante. Antes de partir, el Alpha acorraló a Damien en el vestíbulo, clavando sus ojos en su segundo al mando.
—No te apartarás de ella ni un solo milímetro —gruñó Ronan—. Sellarás el ala este por dentro. Si escuchas algo, si hueles a