El silencio en la habitación del ala este era absoluto, denso y asfixiante como una tumba.
Ronan se quedó de pie frente a las cunas intactas, con el pecho subiendo y bajando de forma errática. El aire no le llegaba a los pulmones.
Sus ojos oscuros, dilatados por la pura incredulidad, escanearon cada rincón, cada sombra, buscando el brillo dorado que era su única razón para respirar.
Pero el aroma a jazmín y luz se estaba desvaneciendo rápidamente, devorado por el rastro a ceniza que el vampir