El instinto maternal no razona, no duda y, sobre todo, no tiembla.
Al ver los iris carmesí de la niñera y el destello afilado del cuchillo descendiendo hacia la cuna de Adham, en una fracción de segundo, la Luna Blanca alzó ambas manos y desató una onda expansiva de luz dorada y cegadora directo contra el pecho de la mujer.
El impacto fue sordo. La magia pura chocó contra la oscuridad que envenenaba la mente de la niñera, calcinando el control vampírico.
Rose soltó un jadeo ahogado. El cuchillo