El camino no se abrió por miedo a la luz, ni por respeto al Alpha. Se abrió por pura burla.
Las siluetas de humo espeso y lamentos silenciados formaron un pasillo perfecto, una garganta de negrura que invitaba a la realeza a caminar directamente hacia las fauces de la bestia. La niebla tóxica se replegó, contenida por los muros de sombras, dejando un sendero despejado de escarcha muerta.
Una risa baja, áspera y completamente fuera de lugar rompió el silencio de la horda.
Kaël avanzó un par de p