La sonrisa de Hunter no fue más que una señal de que el mundo, tal como lo conocían, estaba a punto de romperse.
Seraphina sintió un frío glacial reptando por su columna mientras observaba cómo la humanidad terminaba de evaporarse de los ojos de su hermano. La negrura inundó sus iris como tinta vertida en agua, hasta que no quedó nada más que dos pozos de vacío absoluto fijos en ella.
Seraphina supo que la oscuridad que habitaba en su hermano menor estaba reclamandolo de nuevo. Entonces, la os